jueves, 11 de agosto de 2016

Hablar bien y el ateísmo en Internet


Hace poco tuve el inmenso placer y privilegio de leer un libro que se llama "El arte de hablar bien" les debo los autores (Pronto editare la entrada), fue un excelente regalo que me hizo mi suegra, quizás cuando se enteró que soy de una parte humilde de Caracas, pensó que sería un regalo adecuado, <<dígalo ahí el mio, vayalo>>. Bueno, bromas aparte, este es el tipo de libro que palabra a palabra te va haciendo más y más inteligente, pues se juntan cuatro o cinco eminencias en la filología, oratoria, y diversas ciencias del lenguaje y hacen una recopilación en este libro, no puedes sino aprender infinitamente y de pas,o hacen referencias a las obras de otras eminencias en dichos campos.
La verdad es que me pasó como cuando leí el libro de Albert Einstein acerca de la teoría de la relatividad. Lo leí, no porque me interese demasiado la física, sino por mi profunda admiración por el científico judío y mi gusto por la lectura. Pensé que sería un buen homenaje tomarme el tiempo de leer alguna de sus obras literarias. Bueno aquello fue como el sueño de ir desnudo al colegio, liceo (secundaria) o a la universidad. Lo comparo con aquel sueño porque sentí una profunda vergüenza de que mi ignorancia quedara al desnudo a la luz de una de las mentes más brillantes de la historia de la humanidad. Lo leí, pero cada vez que avanzaba más y más en la lectura entendía menos y menos. Me siento entusiasmado de saber que existe tanto conocimiento en el mundo y y que mi ignorancia no es sino la oportunidad de seguir aprendiendo, vivo para aprender. 

Bueno con ese libro fue algo parecido, en el hay varias ideas o más que ideas reflexiones que  me parecieron brillantes (por decir lo menos) pero muy liberadoras y sobre todo desafiantes.

Una de las reflexiones que abarcan unas pocas líneas pero revoluciono mucho de lo que hasta ese momento creía fue la siguiente. Cuando eramos unos infantes y empezamos a decir nuestras primeras palabras, con cada nueva palabra, nos era celebrado; pero una vez que el niño o niña aprende a expresar, su deseo de comer, de ir al baño o repetir diálogos cortos de sus cuentos, o películas favoritas, entonces asumimos que él o ella ya sabe hablar. Ahora veamos lo siguiente según una rápida búsqueda en google: "Actualmente el diccionario de la Real Academia Española de la lengua (RAE) tiene unas 80.000 palabras a las que hay que añadir los 70.000 términos presentes en el de "americanismos". De todas formas, se estima que para calcular todo el léxico de una lengua habría que añadir un 30% al número de palabras presente en los diccionarios, por lo que el número de términos del español podría superar con claridad los 100.000". 

Ahora si hacemos un examen concienzudo y sincero de cuantas palabras del castellano sabemos, tenemos que reconocer que aún después de tantos años, títulos y carreras, no sabemos hablar, pues ¿Cómo podemos decir que sabemos hablar si manejamos un porcentaje ínfimo de las palabras del idioma que decimos hablar?. Por supuesto que usted puede pasar el resto de su vida con las palabras que ya conoce, pero si como yo le gusta desarrollarse como individuo a nivel intelectual, se debe estar sintiendo desafiado a a buscar el diccionario y conocer mejor mi propio idioma. Una persona que maneje un vocabulario de unas 10.000 palabras, puede ser considerada culta. Claro asumiendo que este tipo de cosas le inquieten. 

¿Cómo sabe usted si necesita conocer mejor su idioma? De muchas maneras, pero una de las más sencillas es cuando escucha el discurso de algún político (o de alguien más) de la vieja escuela, ósea aquellos que hacían un rico uso del diccionario en sus discursos y usted no le entiende nada. En Venezuela en los últimos años los políticos a quienes se les tenía por ejemplo de cultura y etiqueta, simplemente han hecho de sus discursos burdas griterías de ofensas en contra del que piensa distinto con una fraseología básica, coloqueal y ordinaria que (con la excusa de simplificar la política y hacerla más popular) promueve la ignorancia y chabacanería.

En mi país, como ya lo he comentado antes tenemos un gobierno que se dice ser socialista pero es (palabras más palabras menos), comunista. La situación de mi país y su realidad ha venido a menos y la mentira, los discursos vacíos, las manipulaciones, las sugestiones y la demagogia son el pan de cada día. Aclaro que digo que son el pan de cada día, puesto que gobierno y oposición usan de la demagogia (a diario) para manipular a esa masa de personas que ellos llaman "pueblo" pero que perfectamente les podrían llamar "imbéciles", pues como a tales nos tratan, con mentiras descaradas y manipulaciones aberrantes (valga la redundancia) y vuelvo y digo, de parte y parte. Sí, la oposición miente un montón también. 

En este libro otra de las reflexiones habla de la importancia de la coherencia en los discursos, pues en los últimos años hemos visto como la gente (dirigentes políticos, religiosos, etc.) se paran a mentir de manera descarada e impune dirigiéndose a las masas, a eso que llaman pueblo, pero que repito tratan como a imbéciles. En aquel libro el autor anuncia la preocupación que siente porque esta situación siga siendo así pues, "cuando se agotan las palabras solo queda la violencia". Lo mismo pasa en el ámbito religioso aún cuando estoy escuchando alguna predica o discurso y a la persona se le hace una pregunta difícil y responde con evasiva (en el mejor de los casos), con una mentira (en el peor) o (el colmo) descalifica a la persona que cuestiona. Todo esto viene dado por ideas falsas acerca del saber o no saber. 

Yo no entiendo cual es la fobia que compartimos hacía el "no sé", el no saber no te hace un mugroso ignorante indigno, el no saber algo es simplemente que no te has tomado el tiempo (por la razón que sea) de aprender acerca este o aquel tema. Hay gente que cree ganar un debate porque argumenta lo que acaba de leer en algún libro (hace poco o hace mucho) y sí su contendiente no lo ha leído, entonces descalifican al otro de "ignorante". Ejemplo: mi esposa es psicóloga y en la maestría que esta cursando sus profesoras comentan detalles de Freud que ella no sabía, y no por eso, le esta prohibido hacerse una opinión de la filosofía de Freud o es una "ignorante". En los foros de Internet la gente no debate, solo hay alguien que da una idea y otro dice: bah, eres un ignorante y ya, sin más. Esto es aún peor cuando se habla de religión, los debate acerca de religión son bastante (inútiles) sencillos en internet, ¿crees en Dios o en algo más? Eres un ignorante, fin de la discusión, muchos de los supuestos ateos de internet son unos muchachitos que solo están repitiendo lo que acaban de escuchar en un vídeo de su youtuber favorito o que se dicen ateos para estar a la moda pues creer es sinónimo de ser un campechano retrogrado. Supongo que se marchan sintiéndose, soy el  "nova plus ultra".

No soy de los que se colocan un chip en la cabeza y aceptan de buena gana todo lo que esa persona o líder afirma (de hecho, me llevo muy mal con los que son así) , todo lo someto al análisis. Sé que hay gente que le parece ofensivo que su palabra se cuestione, como que si el universo tiene que tomar lo que esa persona dice como cierto solo por ser él o ella quien lo dice. Estos son los más peligrosos. En la religión y la política la mente analítica es igual de necesaria y obligatoria y esto no afecta ni mi fe ni el nivel de compromiso con la organización.

Nota Especial: Un consejo que le doy a los jóvenes y adultos creyentes respecto al ateísmo en Internet, no vale la pena ponerse a discutir en foros donde se promueve el ateísmo, la gente cree lo que quiere creer, y el que no cree, no cree no porque tenga buenas razones para no creer, no cree simplemente porque no quiere, porque en su corazón hay una voz que clama por Dios. Dios no es una religión como dicen muchos, Dios y su amor es una experiencia personal, mi oración es para que los que no creen en Él, le experimenten, solo así podrán creer. Una de mis mejores amigas, apenas me hice cristiano comencé a hablarles de mi fe y del Señor Jesús, ella me miraba con una sonrisa escéptica entre los dientes que contenía burla, aunque me escuchaba por amabilidad. Al cabo de cuatro años ya le había compartido de Cristo como doscientas veces y nunca pasó nada, un día me dio la noticia de haber recibido a Jesús en su corazón como Señor y Salvador. Que alegría tan infinita experimenté en aquel momento, hoy por hoy si yo tratara con todas mis fuerzas y argumentos de hacerla desistir de su fe en Dios no lo lograría jamás porque creer o no en Dios no es cuestión de un argumento académico y teológico que comprueba su existencia, es una experiencia personal. Por eso no pierda el tiempo en esos foros, mejor salgamos a la calle a la gente que si esta dispuesta. 

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