Con permiso de sentirnos solos


Apenas tengo un año recién cumplido de casado y soy un hombre dichoso; casarme fue una gran decisión, decisión  que por cierto, contradijo todo lo que yo pensaba que creía ser (pues me consideraba un soltero empedernido). Decisión que tomé una tarde en la que pasé orando de rodillas pidiéndole a Dios que me mostrara ¿Qué era eso que necesitaba hacer para poder seguir avanzando? Ya que sentía un fuerte estancamiento en mi vida. La guía amorosa de un líder(en la iglesia a la que asisto así llamamos a los pastores) me había permitido entender que en la vida hay que seguir planes y no andar machete en mano abriendo caminos entre la maleza de las dificultades sin saber si quiera a donde quiero ir, como dicen por ahí "a medidas que vayamos andando, vamos viendo". Esta persona me prestó un libro llamado visióngenieria de Andy Stanley, libro que me permitió entender cosas muy básicas que hasta ese momento no había tenido a nadie que me las hiciera saber.

Tengo un año apenas de casado y se que mi experiencia de casado al igual que la de mis amigos que nos casamos recientemente en esta época de crisis tan barbara que atraviesa mi país, nos ha dado una versión bastante agría de lo que es estar recién casados. Mi país esta atravesando una de las peores crisis que recordamos (aunque algunos que antes comían y ahora no, se empeñen en decir que ahora estamos mejor), y la crisis es en todos los ámbitos (económico, social, espiritual, etc), entonces nos vemos desafiados a luchar tremendamente para poder comer, estudiar, trabajar, etc. Aún así le pregunto a mis amigos más cercanos, esos que al igual que yo reconocemos que, somos humanos y que también sufrimos. Ellos comparten conmigo una experiencia parecida. 

El matrimonio es delicioso pero la cosa no esta fácil y la gravedad y lo duro de la situación hace que tengamos que lidiar con niveles de estrés inmensos. 

Aclaro que tengo otro tipo de amigos que están demasiado acostumbrados a aparentar y a guardar apariencias; y de estos no espero jamás una conversación sincera, de humano a humano, con ellos las conversas son más superfluas y banales, a estos les pregunto y siempre están de maravillas, no se permiten tener problemas, no porque no los tengan sino porque evitan a toda costa que se les note, en fin.

Me siento un poco intimidado al tener solo un año de casado y decir que el matrimonio es lo máximo, sé que muchos leerán y pensaran, deja que pasen unos años y volveremos a hablar. Y he ahí mi temor, me da miedo leer mis palabras de hoy que hablan maravillas del matrimonio en doce años y pensar, bah, que iluso fui, pobre de los que me hayan creído en ese entonces, los conduje a la trampa.

Mi esposa y yo conversamos mucho, es de las cosas que más nos gusta, conversar, leer y ver películas. Y ella y yo tratamos por lo general que la sinceridad de las emociones del uno no afecte demasiado los sentimientos del otro.

Coloco un ejemplo: una vez ella estaba con la cara larga, me miraba con unos ojos tristes, en una tarde en la que estábamos "contentos", al menos eso creía yo. Bueno la incité a que me dijera que le pasaba. Uno como esposo a veces siente mucha mortificación por el estado anímico de su esposa y sentimos que es nuestra responsabilidad que este siempre feliz, pero por supuesto que esto no es así, al menos no del todo (más adelante aclaro). Ella me dijo: "es que no quiero que te sientas mal". Ya era muy tarde, ya yo me sentía mal de ver que ella estaba mal.

Le dije, habla sin tapujos amor que quiero saber que te esta pasando. 

Ella me dijo no lo tomes a mal, pero me siento sola, me siento muy sola, abandonada, siento que no tengo a nadie con quien hablar, con quien salir. Claro que entendía perfectamente lo que ella me estaba diciendo, pues yo me sentía igual. Mi esposa y yo, somos uno en nuestras individualidades, pero yo entendí perfectamente lo que ella sentía porque yo lo estaba experimentando igual. 

La abrace y le dije: te entiendo mi amor, en mi caso, me acostumbré a que, de vez en cuando charlar con mi sobrino de videojuegos, con mi hermano Rey de música o deporte, con mi hermano Oliver y José Luis de música, del evangelio y de cosas de Dios, con mis cuñadas y mis tías a echarles broma solo por hacerlas reír, extraño a mi sobrina Angela que me cuente las cosas que le pasan en el colegio y luego el liceo que para ella eran importantes, saludar a mi abuela por las mañanas, abrazar a mi mamá, escuchar la voz de mi papá. Entendí perfectamente a la soledad que ella se refería.

Cuando le dije como me sentía yo, me apretó fuerte y me dijo: gracias por entender, no me mal interpretes tu me haces muy feliz, mis padres, mi hermano y su esposa, mis sobrinos, mi perro-hijo, pero siento que me faltan mis amigas, todas están lejos, siento que no tengo nadie con quien hablar de algunas cosas que solo mis amigas entenderían, etc. 

Mi esposa y yo entendemos y aceptamos que el otro puede sentirse solo, infeliz o desdichado aun cuando estamos juntos, aun cuando compartamos casi todo, todos los días de la vida. Algo que me hace reflexionar es  ¿Cómo hacen esas personas que renuncian a su nación y a todo lo que conocen por seguir el llamado de Dios a servirle en otras naciones en donde muchas veces ni se les quiere? Sé que muchos de mis amigos que no son siervos de Dios, se han tenido que ir dejándolo todo atrás debido al gran éxodo venezolano de los últimos diez años, aunque nuestro gobierno lo niegue. Los veo por facebook como tratando de mantenerse en contacto con aquello que dejaron atrás, aquello que aman tanto como lo que tienen en ese país. Mi hermano José esta en Ecuador y un pedazo inmenso de nuestros corazones siempre estarán allá con él, su esposa y sus hijos.

No quiero terminar esta publicación sin aclarar un punto. Mi esposa no tiene la responsabilidad de hacerme feliz, ella tiene la responsabilidad de ser feliz y compartir su felicidad conmigo, lo mismo pasa conmigo, mi responsabilidad es ser feliz y compartir mi felicidad con ella. Nosotros somos de fe cristiana y ambos sabemos que cuando nos sentimos desdichados por alguna (o ninguna razón aparente), no es porque el otro este fallando en hacerme feliz, sino porque mi alma esta sedienta del amor eterno que solo, y solo Dios da. 

Así que tenemos derechos a sentirnos solos, sólo que no tenemos derecho a culpar al otro de nuestra soledad, a no ser que la soledad sea causada por desidia o desatención del otro. Nosotros tratamos de no ofendernos por el estado anímico del otro así sea de tristeza o pesar.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Lagrimas de un presidente.

El vaticano y los niños hambrientos.

Señales y Elecciones