Así como yo los veo.

Yo vivo en un país que está enfermo de comunismo, corrupción, egoísmo, prostitución y una inmisericorde violencia. Estamos en un país en el que el sueldo del obrero, el sueldo mínimo solo alcanza para pagar la décima parte de lo que cuesta la cesta básica de alimentación. Lo peor no es eso, lo peor es que nuestra moneda sigue en una diaria devaluación que sigue enterrando a los más pobres. Más de ciento ochenta niños recién nacidos murieron en un hospital de la capital porque solo hay dos aspiradoras, y porque de las cincuenta incubadoras solo sirven seis.

Vivo en un país en el que las familias no se planean sino que los muchachos, los hijos llegan como sea que los mande el azar, lo que perfectamente puede hacer que una mujer tenga cuatro hijos de cuatro hombres distintos, viva con su mamá enferma de diabetes y artritis; esté desempleada, pero eso sí, se la pasa muy pendiente del facebook, del Instagram y de su móvil.

Ahora imagínense, o traten de imaginarse en un país en una situación semejante, en la que los padres comen una sola vez al día para que sus hijos puedan comer al menos dos veces. Donde hay doctores y profesionales pidiendo caridad para poder operar a sus familiares enfermos, donde hay muertos por shocks anafilácticos de personas donde les llevan de un hospital a otro y no hay nada que inyectarles para la reacción alérgica y los familiares le miran agonizar y morir por algo que en otros países no pasa de una simple experiencia desagradable pero jocosa. Imagínate que un paquete de pañales te cueste medio sueldo, y que tengas que hacer colas de hasta 9 horas para poder comprar leche, arroz, harina, azúcar, etc. Por cierto, no es cuanta quieras es solo uno por persona, osea en un día o dos cuando se acabe, habrá que salir a hacer de nuevo la cola, así todos los meses del año, todos los años.

Ahora imagínate que eres el perro o el gato de una de estas casas pobres, trata de imaginar que si las personas no tienen para comer ellos o sus hijos que tipo de trato le están dando a las mascotas.

Hace unos años cansado de tener que lidiar con las reglas y las responsabilidades de estar bajo las casa de mis padres, tome la decisión de irme de la casa de mis padres y vivir solo. La casa donde un amigo y yo alquilamos habían un par de perros, no diré los nombres de los perros por evitar situaciones incomodas con algunas personas. Cuando llegue ahí el negrito era un perro adulto de dos años, muy temperamental y protector, el marrón tendría solo unos cuatro meses y era un cachorro muy juguetón y noble. De recién llegado tenía que pasar por donde estaban el negrito y el marrón; el negrito era un sin vergüenza y me ladraba e intentaba morderme. Decidí conquistarlo y empece a guardarle la mitad de mi almuerzo para dárselos, y funciono; en menos de un mes los dos no solo eran mis amigos, sino que su alegría al verme llegar era tanta que me hacían sentir bienvenido, daba gusto llegar a casa.

Mi país empezó un proceso obvio de decadencia moral y económica producto de las medidas ineptas, la corrupción y la falta de luces en los que nos gobernaban y en los que en masa votaban por ellos. Así mi situación empezó a agravarse, ya tenía que debatir entre el transporte para llegar al trabajo, el alquiler o la comida.

Pues, en ese mismo orden les dí prioridad, el alquiler, luego el transporte y si me sobraba, la comida. En esa etapa vi cosas increíbles de parte de Dios, como es que yo siendo tan de escasos recursos tuve la bendición de comprar nevera, lavadora, televisor, laptop, play 2, etc. Todos fueron por situaciones casi milagrosas que me ayudaron a ver que Dios estaba conmigo, pero por otro lado empece en la etapa más dura de mi vida, la de pasar hambre. Literalmente pasaba cuatro días trabajando duro pero sin tener que comer, y es muy duro levantarse y acostarse sin haberse comido uno, un plato de comida. Si, comía que si un pedazo de pan, una galleta o alguna otra cosa efímera que no te quita el hambre.



Claro que pude haberme devuelto a la casa de mis padres, pero eso era igual a reconocer que yo no era suficientemente hombre para valerme por mi mismo, así que testarudo seguí en mi independencia. EL problema era que cuando cobraba tendría que hacer colas para poder comprar comida y literalmente no tenía tiempo de hacer colas.la situación empeoro.

los señores que me alquilaban a mi el apartamento, anexo, pieza o como le quieran llamar. Si tenían mejores recursos que yo, al poco tiempo me di cuenta que el arrendatario consideró que darles comida a los perros era un gasto que se podía evitar, no dándole comida a los perros, simplemente.

El negrito y marrón ya no celebraban mi llegada simplemente lloraban de desesperación tratando de transmitirme que tenían hambre, en ese punto una fibra dentro de mi me llevó a hacer cosas que jamás pensé hacer. Por falta de ideas, lo único que hice fue lo que se me ocurrió era lo único que podía hacer y en un negocio donde vendían comidas, donde a veces yo desayunaba; me lleve una bolsa y comencé a sacar de la basura comida para los perritos.

Aquello era humillante, pero pensaba estos cinco minutos de pena equivalen a que ellos tengan que comer. Mi situación era la misma, a veces comía a veces no. Pasando el tiempo la moneda de mi país se fue devaluando cada vez más los precios se dispararon y ya en definitiva ni para pagar el  alquiler me alcanzaba si quería comer al menos dos o tres veces a la semana.

<<tuve que romper en cierta forma el hilo de la idea ya que hubo un apagon y se fue la energía electrica por dos horas>>

Me devolví donde mis padres y pedí que me permitieran regresar en un mes para llevarme mis cosas que tenía, que había conseguido gracias a Dios. Al mes cuando volví, encontré al negrito agonizando, la señora mamá del señor que era dueño de la casa, cuando le pregunte por los perritos me dijo: ay no sé, el negrito esta como enfermito. Y no, no estaba enfermito, estaba agonizando, tenía los ojos fuertemente cerrados del dolor por una gusanera que tenía debajo del ano y cuando le hable abrió los ojos un poquito me miro, movió la cola y una hora después el negrito murió, ante la indolencia humana. Yo use lo único que tenía en un esfuerzo inútil por tratar de salvarlo, yo que no tenía ni que comer, que me tocaba caminar casi tres horas para llegar a mi casa ese día me gaste lo único que tenía en matagusanos y cosas que creí lo salvarían.

Quince días después que fui a buscar lo ultimo que me quedaba encontré al marroncito en la misma situación agónica y sucedió casi lo mismo, me escuchó, levanto la cabeza un poquito, movió la cola y un par de horas después murió. Me fui y más nunca quise saber de esa vieja ni del otro señor.

Desde ese entonces nunca he sido el mismo, no soporto ver el hambre ni en animales ni en personas. Porque solo los que han pasado hambre saben lo que es, los demás solo creen saberlo solo porque se saltaron el desayuno y llegan tarde a almorzar.

Ahora como yo los veo, cuando veo a alguien o a un animal en hambre, solo o abandonado. Yo los veo como quizás me vio Dios a mi cuando le conocí. Me vio solo, abandonado, herido. El lo tiene todo no me necesita para nada pero aun así se tomó la molestia de darme de comer, de darme abrigo, de darme gente valiosísima que me quiere y que quiero; hay muchos que no me quieren pero son valiosísimos también. Cada vez que aparto la mitad de mi almuerzo para darle a un hambriento de la especie que sea, pienso: Dios mio espero que si algún día alguien de mi familia llega a necesitar alguien se apiade de ellos como yo de este.

En esta vida todo lo que uno siembra lo cosecha, se que aún así millones mueren de hambre, de abandono, de maltrato, de crueldad o de indiferencia. Pero tratare de que a los que pueda ayudar, ayudare. es así como yo los veo.

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